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Casos con cómplice: cuando uno de los sospechosos miente siempre

En un caso con cómplice, uno de los sospechosos está encubriendo al asesino y todas y cada una de sus declaraciones son falsas. El resto sigue diciendo la verdad. Es el clásico acertijo de mentirosos —el de los caballeros y los escuderos— injertado en un puzzle de colocación, y es la capa que convierte un caso resoluble en un caso que hay que trabajarse. El expediente siempre avisa: cuando hay alguien mintiendo, se te dice antes de empezar.

La clave: invertir, no descartar

El error de principiante es tachar los testimonios del mentiroso y seguir sin ellos. Una mentira es información exacta y hay que darle la vuelta con precisión:

Bien invertidas, las mentiras del cómplice acorralan su posición igual de bien que la verdad de cualquier testigo honrado. De hecho, en muchos casos son las declaraciones más útiles del expediente.

Cómo encontrar al mentiroso

  1. Caza contradicciones. Todos los sospechosos honrados son compatibles entre sí. Si dos declaraciones no pueden sostenerse a la vez, una de esas dos personas es tu cómplice: ya has reducido el problema a dos nombres.
  2. Prueba los candidatos de uno en uno. Supón que alguien miente, invierte todo lo que ha dicho y comprueba si el tablero admite todavía una colocación válida con una persona por fila y sin repetir columna. Solo el cómplice verdadero sobrevive a esa prueba; con los demás, el caso se rompe.
  3. Desconfía de quien encaja demasiado bien. Un sospechoso cuyas frases conviven sin esfuerzo con las de todos los demás suele ser honrado. El cómplice, tarde o temprano, choca contra algo.
  4. Cruza con el móvil. Cuando el caso incluye pruebas de móvil, recuerda que el cómplice está cubriendo a alguien. Si tu candidato a mentiroso protege justo a quien las pruebas señalan, probablemente has encontrado a los dos.

Las herramientas del tablero

Toca el retrato de un declarante sobre su testimonio para suponer que es el cómplice: sus frases se muestran invertidas, ya reescritas a lo que pasó de verdad, y su tarjeta queda marcada. No hay que hacer dobles negaciones mentales. Volver a tocar deshace la suposición.

Y para probar dos mundos a la vez están las ramas de hipótesis: cada rama puede llevar su propia suposición de cómplice, así que «¿y si miente el Conservador?» y «¿y si miente el Mayordomo?» conviven en paralelo sobre el mismo tablero hasta que una de las dos se derrumba. Cuando descartas una rama refutada, el juego tacha la marca desmentida y te la deja como deducción firme.

El cierre

En estos casos la acusación tiene dos partes: primero el culpable —quien quedó a solas con la víctima— y después el cómplice, el que mintió para encubrirle. Cuidado con una variante que aparece en los expedientes más duros: a veces el mentiroso es el asesino, y todo lo que declara el culpable es falso. Encuentra al mentiroso y lo habrás encontrado a él.

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